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Canciones de los Rolling Stones: Child of the Moon
Oh, child of the moon/ Give me a misty day, pearly gray, silver, silky faced/ Wide-awake crescent-shaped smile…
Escrita por: Jagger/Richard
Grabada: Olympic Sound Studios, Londres, Inglaterra, 7-22 de julio y 16-21-23 de octubre de 1967; 23-29 de marzo de 1968
Mick Jagger: voz
Keith Richards: guitarra, coros
Brian Jones: saxo soprano
Bill Wyman: bajo
Charlie Watts: batería
Músicos invitados: Nicky Hopkins (piano, órgano), Jimmy Miller (coros), Rocky Dijon (percusión)
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Más sobre Child of the Moon de los Rolling Stones
*Por Marcelo Sonaglioni

El adiós psicodélico de los Rolling Stones
Child of the Moon llega como una imagen residual, el sonido de los Rolling Stones soltando una etapa sin terminar de entrar en la siguiente. Publicada discretamente en 1968 como lado B de Jumpin’ Jack Flash, se siente menos como una declaración que como un clima suspendido en transición. La psicodelia no ha desaparecido, pero se diluye, se vuelve introspectiva y reflexiva en lugar de explosiva. La canción se abre en la confusión, con un murmullo apenas audible que suena más a broma privada que a manifiesto, antes de deslizarse hacia un paisaje marcado por el crepúsculo, la luz de la luna y la incertidumbre. Las letras de Mick Jagger rechazan la lógica narrativa y prefieren la sugerencia y la atmósfera. El tiempo avanza del atardecer a la madrugada, y la figura central permanece esquiva, más símbolo que persona. En retrospectiva, el tema funciona como una despedida: no triunfal ni amarga, sino brumosa e inconclusa. Captura a una banda detenida entre mundos, consciente de que algo termina, sin saber aún qué vendrá después.
Una letra como la luz de la luna
En lugar de contar una historia Child of the Moon traza impresiones. La escritura de Jagger es inusualmente opaca, incluso para una época en la que la ambigüedad estaba de moda. Las estrofas avanzan por distintas fases de la noche, con la luna como guía y testigo a la vez. La mujer en el centro de la canción se percibe irreal, definida por gestos e imágenes fugaces más que por rasgos concretos. Puede ser una amante, un recuerdo o una idea: algo hacia lo que el narrador se estira sin llegar a tocar. La posibilidad de que Marianne Faithfull haya inspirado el tema flota en segundo plano, pero la letra nunca se convierte en autobiografía. En su lugar, se mueve entre el romanticismo y el misticismo, apoyándose únicamente en la atmósfera. La interpretación vocal de Jagger refuerza esa incertidumbre, alargando las sílabas y adoptando un tono arrastrado que suena levemente distante, como si el propio cantante estuviera medio despierto. El efecto es íntimo pero a la vez esquivo, atrayendo al oyente mientras mantiene el sentido siempre fuera de alcance.
Mick Jagger (1968): “Child of the Moon es probablemente la más original de las dos canciones que grabamos para el single. Es una canción bonita. Creo que funcionará bien en Estados Unidos; está más pensada para el mercado americano. Tiene una influencia country and western.”
Un sonido entre eras
Musicalmente, la canción refleja esa misma sensación de suspensión. Desarrollada durante el período de Their Satanic Majesties Request, y luego afinada en las sesiones de Jumpin’ Jack Flash, Child of the Moon conecta dos etapas bien distintas del sonido de los Stones. Las guitarras reproducidas al revés abren el tema antes de que Keith Richards se asiente en un patrón rítmico estable que ancla la bruma. El bajo con fuzz de Bill Wyman domina la mezcla, aportando peso y pulso, mientras los teclados de Nicky Hopkins flotan en los márgenes, enriqueciendo el clima sin llamar la atención. Brian Jones suma saxofón soprano, no como lucimiento sino como una capa tímbrica sutil. Producida por Jimmy Miller, la grabación anticipa el rumbo más suelto y terrenal que la banda adoptaría poco después. La psicodelia sigue presente, pero contenida, ya sin expandirse hacia afuera. La canción respira, deriva y se disuelve, conforme con existir como un estado transitorio más que como un destino.
Keith Richards: “Child of the Moon fue una de las primeras canciones en afinación abierta tocadas con guitarras eléctricas porque Street Fighting Man estaba hecho enteramente con guitarras acústicas.”
Sombras en los árboles
El video promocional de Child of the Moon profundiza la aura inquietante de la canción. Rodado en un bosque, muestra a los Rolling Stones como figuras apartadas del espacio cotidiano, absorbidas por su propio aislamiento. Mick Jagger aparece elevado y distante, mientras Brian Jones se mueve en los márgenes, medio oculto, frágil e incómodo. Dos mujeres observan la luna, reforzando la idea de contemplar más que de actuar. Las imágenes están cargadas de silencio, y la presencia de Jones proyecta una sombra discreta sobre todo el conjunto. Los testimonios del rodaje sugieren tensiones crecientes, con Brian alejándose del grupo incluso durante la filmación. Esa sensación de separación se filtra en la propia canción, otorgándole una gravedad emocional que va más allá de la letra. Con el tiempo, oyentes y músicos percibieron ese trasfondo, reconociendo en Child of the Moon una convergencia poco común entre el country blues y una psicodelia en retirada, marcada más por la tristeza que por el espectáculo.
Una silenciosa vida posterior
Pese a su condición de canción poco conocida Child of the Moon nunca desapareció del todo. En un primer momento pasó inadvertida como lado B, pero con el tiempo alcanzó a un público más amplio gracias a recopilatorios posteriores, donde emergió como una nota curiosa dentro de un momento clave en la historia de los Stones. Algunos la consideran menor o incompleta, señalando su melodía insistente y su estructura contenida. Otros, en cambio, la escuchan como una joya subestimada, valiosa justamente porque no busca el impacto inmediato. Su influencia puede rastrearse en la cantidad de versiones que inspiró, sobre todo entre bandas alternativas atraídas por su atmósfera más que por un estribillo evidente. Es una canción que no exige atención, sino que premia la escucha paciente. Finalmente Child of the Moon perdura como un documento de transición: un tema atrapado entre estilos, vínculos e identidades. Puede que no defina a los Rolling Stones, pero los revela en silencio, permaneciendo en las sombras mientras un capítulo se cierra y otro comienza.
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Categories: Canciones















