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‘Citadel’: Un Viaje Psicodélico con los Rolling Stones (1967)

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Canciones de los Rolling Stones: Citadel

Screaming people fly so fast/ In their shiny metal cars…

Escrita por: Jagger/Richard
Grabada: Olympic Sound Studios, Londres, Inglaterra, 9 de junio y 7-22 de julio de 1967

Mick Jagger: voz, percusión
Keith Richards: guitarra
Brian Jones: mellotrón, saxo, flauta
Bill Wyman: bajo
Charlie Watts: batería
Músicos invitados: Nicky Hopkins (piano, harpsicordio, mellotrón)

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Antes de que Citadel tomara forma en el estudio, ya parecía reflejar la ansiedad y la incertidumbre de 1967. Mick Jagger construye un relato donde la autoridad y las estructuras opresivas no solo se observan desde fuera, sino que se sienten como fuerzas que arrastran al narrador mismo. La canción captura la psique de su tiempo y muestra cómo la música puede ser un espejo crítico de la sociedad, registrando temores y obsesiones que trascienden su contexto inmediato.

La coincidencia con All Along the Watchtower de Bob Dylan sugiere que ciertos estados culturales pueden generar ideas similares en compositores distintos, como si existiera un pulso invisible que conecta creatividad e inquietud. Ambos artistas, desde habitaciones separadas, parecen responder a las mismas presiones externas: guerra, autoridad cuestionada y una generación en busca de sentido.

Citadel combina esta visión con la potencia de la banda: el riff de Keith Richards impone un ritmo que convierte la experimentación psicodélica en urgencia tangible. Así, la canción se sostiene tanto lírica como musicalmente, ofreciendo un mapa de sueños urbanos y tensiones sociales que todavía resuena hoy en día.

Más sobre Citadel de los Rolling Stones

*Por Marcelo Sonaglioni

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Visiones paralelas: Citadel de los Rolling Stones y la sombra de Bob Dylan

Antes de que Bob Dylan grabara All Along the Watchtower en octubre de 1967, Mick Jagger ya había escrito la letra de Citadel un mes antes, una coincidencia que parece menos accidental que intuitiva. Ambas canciones parecen sintonizar la misma frecuencia inquieta, capturando un momento en el que la incertidumbre, la amenaza y el desasosiego espiritual saturaban el clima cultural. Las palabras de Jagger se despliegan como fragmentos de un sueño perturbado, poblado por guardias, viajes lejanos y creencias impuestas, sugiriendo una sociedad gobernada más por la sospecha que por la confianza. Dylan, trabajando de manera independiente, pronto exploraría un terreno similar a través de la parábola y el mito.

La notable superposición sugiere a dos compositores respondiendo instintivamente a las mismas presiones: la guerra en el exterior, la autoridad cuestionada en casa y una generación en busca de sentido entre estructuras que se desmoronaban. Más que imitación, lo que surge es una imaginación paralela: artistas en habitaciones distintas, escuchando la misma alarma lejana resonar a fines de los años sesenta, amplificada por la intensidad psicodélica y el caos urbano de la época.

Dos canciones, un momento inquietante

Mientras All Along the Watchtower de Dylan se apoya fuertemente en una cadencia bíblica y una distancia mítica, Citadel resulta más inmediata y cerrada, impulsada por lo que quizá sea una de las declaraciones psicodélicas más potentes de The Rolling Stones. Los personajes de Dylan hablan como si estuvieran fuera de la historia, observando cómo los hechos se repiten en ciclos infinitos. El narrador de Jagger, en cambio, parece atrapado dentro del sistema que describe, empujado hacia adelante por un impulso rítmico implacable. La base del tema es un riff feroz de Keith Richards, sólido como una roca e insistente, lo que sugiere que la música llegó primero y la visión después. Esa furia rítmica sostiene la canción incluso cuando el arreglo coquetea con el exceso psicodélico. La autoridad en Citadel no es abstracta: está armada, es vocal y omnipresente. La creencia no invita a la reflexión, se impone. En conjunto, estos elementos le dan a la canción una urgencia física que refleja la inestabilidad de su tiempo.

Sueños de concreto y banderas de dólares

Desde sus primeras imágenes, Citadel construye una ciudad que resulta a la vez fantástica e inquietantemente familiar. Los rascacielos se convierten en “colinas de cemento”, el dinero se transforma en banderas y el paisaje urbano asume el papel de un monumento autoritario. No se trata simplemente de un escenario, sino de un personaje: imponente, mecánico e indiferente. La riqueza domina el horizonte, sugiriendo una sociedad en la que el valor económico ha reemplazado a los valores humanos, mientras el caos de la vida urbana es llevado a extremos alucinatorios. El ácido amplifica el frenesí, convirtiendo el movimiento cotidiano en una carrera desorientadora. La ciudad respira, pero sin calidez. Hay en esta visión una cualidad casi cinematográfica, como si Jagger estuviera dibujando escenas más que escribiendo versos. El resultado es una metrópolis que deslumbra y asfixia al mismo tiempo. La canción se mantiene firme sobre su base rítmica, permitiendo que las imágenes giren y se expandan sin caer en la abstracción.

De Metropolis a The Factory

La atmósfera de Citadel resuena con fuerza con visiones distópicas anteriores. El film de Fritz Lang Metropolis flota en el trasfondo, con sus divisiones tajantes entre poder y trabajo, humanidad y maquinaria. La ciudad de Jagger comparte esa precisión fría, un lugar donde los individuos quedan reducidos a figuras que se mueven dentro de estructuras gigantes que no diseñaron. Al mismo tiempo, la canción absorbe elementos del pop art y de la escena underground. En lo lírico, suele leerse como una continuación libre de Ruby Tuesday, introduciendo figuras como Candy y Taffy, personajes a menudo interpretados como groupies que deambulan por este paisaje urbano psicodélico. La presencia de Candy también remite a The Factory de Warhol, una ciudadela reluciente de artificio y deseo. Estas referencias superpuestas difuminan la frontera entre fantasía y realidad, convirtiendo a Citadel en un mito compuesto, moldeado por el cine, la fama y el exceso urbano más que por un relato único y cerrado.

Una advertencia psicodélica, no una escapatoria

Sería fácil descartar Citadel como un producto de la indulgencia psicodélica, pero esa lectura pasa por alto su disciplina y su fuerza. Bajo las texturas arremolinadas se esconde una canción impulsada por uno de los riffs más contundentes de Keith Richards, lo que le da una claridad muscular que le permite perdurar como un clásico perdido. Incluso cuando el arreglo se desborda hacia el exceso, el núcleo permanece intacto, equilibrando la experimentación con la autoridad rítmica característica de los Stones. La canción no ofrece una vía de escape; lanza una advertencia. Su imaginería surrealista intensifica la realidad en lugar de disolverla, presentando la vida moderna como frenética, mercantilizada y emocionalmente descolocada. Esa solidez quizá explique por qué ecos de la etapa psicodélica de la banda reaparecieron más tarde en otros contextos, especialmente en los debates en torno a la canción Street Life de Roxy Music y su riff tan familiar. Décadas después, Citadel sigue sonando lista para una actualización, una pieza fácilmente recuperable, con su fortaleza de sonido y significado tan vigente como siempre.

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